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segunda-feira, 12 de novembro de 2012

La guerra financiera de las galaxias

La compra de Lucasfilm por más de 3.000 millones de euros acrecienta el poder de Disney en el selecto club de las seis ‘majors’ del cine mundial


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Con la compra de Lucasfilm por parte de Disney por 3.125 millones de euros, Hollywood se constriñe un poco más. Las seis majors —la media docena de estudios de cine con capacidad de producción y distribución de grandes taquillazos— son hoy un poco más poderosas gracias a ese crecimiento de Disney... que ha debido de escocer en 20th Century Fox, estudio que produjo La guerra de las galaxias y que distribuyó las otras cinco películas de la saga.

Hoy se han quedado sin pastelito, y encima el panadero, George Lucas, ha anunciado que, de alguna forma, volverá a hornear: “Dije que no iba a hacer más [películas de Star wars] y eso es cierto, no voy a hacer más. Pero eso no significa que no le pase el testigo a Kathy [Kathleen Kennedy, su mano derecha, que a partir de ahora será la presidenta de Lucasfilm]. Tengo tratamientos de guion para los Episodios VII, VIII y IX, así como un montón de otras películas, y, obviamente, hay cientos de libros, comics y todo lo que se puede imaginar. Así que, en cierto modo, he dado a Kathy ese tesoro de historias y cosas varias con la completa confianza de que va a hacer películas geniales”. Las palabras del cineasta ayer, en un vídeo de explicación de la transacción económica, provocaron miles de comentarios negativos de los fans de Star wars, que ya habían despotricado horas antes con el anuncio de la compra.

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Y sin embargo, esas palabras tienen toda su razón de ser. Primero, porque George Lucas se ha portado como casi todos los megamillonarios estadounidenses, que al final de su vida hacen caja y con lo ingresado se dedican a las obras benéficas y a sus aficiones. En el caso del creador de Han Solo y su pandilla de amigos interestelares, estas se centrarán en “el cine experimental”. Segundo, porque solo podía vender a Disney. Este estudio es el único de las seis majors que no depende de una gran corporación, que tiene autonomía en sus decisiones económicas y artísticas. Y a su vez ha dado esa misma autonomía a las últimas compañías que ha adquirido, gracias al ojo de Robert A. Iger, presidente ejecutivo de la compañía, que llegó al cargo en marzo de 2005, tras la abrupta salida de Michael Eisner, el hombre que casi entierra al ratón Mickey Mouse.

En enero de 2006 Iger adquirió Pixar, el ya casi mítico estudio de animación que tanta guerra les había dado en taquilla, por 6.000 millones de euros. Aunque a priori el jefazo de Pixar era Steve Jobs, presidente ejecutivo de esa compañía y de Apple, en realidad ficharon el talento de John Lasseter, el creador de Toy story: el cerebro del pez chico (Pixar) pasaba a dirigir el pez grande (Disney), y la mano de John Lasseter se ha notado en la animación de la casa madre.

Iger siguió maquinando para encontrar más productos atractivos para los adolescentes, los principales compradores de entradas de cine de todo el mundo, y en verano de 2009 Disney volvió a hacer saltar la banca, al adquirir Marvel por 2.800 millones de euros. Si Warner estaba exprimiendo DC Comics, Disney necesitaba algo más que un ratón, un perro que lleva pantalones o un vaquero y un guerrero espacial de juguete. Y Marvel proporciona hasta 5.000 personajes con posibilidades de saltar a la gran pantalla. En el acuerdo, una condición: ninguno de los personajes de la editorial de comics podrá verse alterado por órdenes de Disney.

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En el mundo Disney, las cadenas de televisión CBS y ESPN toman sus propias decisiones; Pixar decide sus pasos (incluso empuja a Disney a hacer una película tan desastrosa como John Carter); Marvel controla sus productos; y Lucasfilm, de la mano de Kennedy —y con Lucas como consultor creativo—, será casi independiente: en el acuerdo queda claro que todos sus trabajadores seguirán en sus puestos.

De forma indirecta, Lucasfilm entra en el selecto grupo de las seis majors. Los otras cinco han seguido vidas muy distintas. Columbia fue comprada por Sony, el gigante japonés del videojuego, la televisión y los productos multimedia; Warner es una de las patas del imperio Time Warner, con intereses en las telecomunicaciones; 20th Century Fox forma parte desde 1989 del imperio de Rupert Murdoch (hace solo tres meses firmaron un acuerdo para distribuir las películas de DreamWorks los próximos cinco años); Universal es en realidad NBCUniversal, bajo control de Comcast; y otro gigante, Viacom, compró Paramount en 1993, que tambien posee MTV y Nickelodeon. Por cierto, los nostálgicos de la vieja era aman por encima del resto de las majors a Paramount: es el único estudio que aún tiene sus oficinas centrales en Hollywood.

Una adquisición a precio de ganga

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En los mentideros económicos y en cualquier web y publicación cinematográfica de Estados Unidos, la adquisición ayer de Lucasfilm por Disney fue calificada de “ganga”, porque por 3.125 millones de euros la major compra no solo una productora de cine sino también al líder mundial de efectos digitales en el cine, presente cada año en decenas de grandes producciones taquilleras, y todo el desarrollo analógico y digital del merchandising de Star wars.

Ayer en Wall Street las acciones de Disney cayeron un 2,1% (estaban a 48,99 euros cada título), pero porque la bolsa de Nueva York descendió en general. En octubre de 2011 las acciones de Disney estaban a 33 dólares, en marzo de 2012, con el estreno de John Carter, rozaron los 47 dólares, posteriormente cayeron y volvieron a subir a inicios de este mes hasta los 53,4 dólares. Esta semana han perdido un 5,3%, en lo que se entiende como un ajuste lógico ante su alto precio. El mercado bursátil no ha castigado la compra.

Fonte: El país

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